Con 63 cámaras de vigilancia (22 de ellas conectadas al "todopoderoso" C4) y un policía armado como espectador de lujo en primera fila, sigue siendo fascinante que las mentes brillantes de la seguridad insisten con que el asesinato de Arboleda fue un “evento aislado”.
Este caso se divide en dos tramas dignas de un Oscar o de un Golden Raspberry Award:
La versión de la investigación: Un oficial vial detiene una camioneta blindada, pide documentos, multa al conductor, y mientras regresa a su patrulla, un auto se empareja con el de García y le dispara 5 veces. El policía vial decide que su labor es meramente contemplativa, porque detener a alguien ya era mucha exigencia laboral.
La versión “Kuri-Western”: Aquí no hubo multa, solo un “muévase, por favor”. El sicario, cual vaquero de Clint Eastwood, llegó a pie, desenfundó y disparó 3 veces. El policía, en una actuación estelar, no intervino porque entró en un “shock de pánico”.
Para sazonar el caldo, ya soltaron el clásico "tenía antecedentes en Sinaloa" y "deudas con el narco". Pero, ¡Oh sorpresa!, no han mostrado ni un solo documento que sustente tales afirmaciones.
Mientras ellos intentan decidir si el asesino llegó a pie, en carro o en unicornio, la ciudadanía se queda con la misma pregunta de siempre:
¿Realmente son así de ineptos, o el encubrimiento ya es parte del uniforme?
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