Las nuevas escuelas construidas por el Gobierno de Nuevo León llevan impresos nombre, firma y un inconfundible color: el naranja. Puertas, paredes, bancas, mobiliario y, por supuesto, las fachadas, lucen el tono “fosfo fosfo”. A esto se suma el ya característico “tótem” institucional —el mismo que se observa en el Parque Fundidora o a las afueras del Metro— ahora presente en los planteles educativos.
Tampoco podían faltar los útiles escolares y las mochilas de entrega gratuita, teñidos del mismo matiz. Samuel García ha tapizado la ciudad de naranja, imponiendo su sello personal en cada rincón. Si bien en la política el posicionamiento de marca a través de los colores partidistas es habitual, la estrategia de Movimiento Ciudadano ha cruzado la línea hacia la exageración.
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